Falleras Mayores sin manual de instrucciones

De la experiencia de ser Fallera Mayor de València se podría escribir un libro. Y si no, al menos, no vendría mal un manual de instrucciones para aprender de las vivencias de las predecesoras.

¿Cuántos vestidos necesita una Fallera Mayor de València?, ¿cómo ser original y a la vez tradicional?, ¿cómo dejarse aconsejar sin perder la independencia en las decisiones?. Cuestiones que, año a año, todas viven…  sin manual de instrucciones.

La más preciada joya.

5 de 5. No es que tenga ningún valor estadístico, pero las 5 falleras mayores que hemos consultado esta semana todas han coincidido en su elección: el traje más especial de su reinado fue su espolín oficial.

Rocío Pascual, Fallera Mayor infantil 2012, lo resume muy bien. “Es el traje que nos hemos hecho nosotras. Desde el principio. Desde escoger el color en el hilo hasta la última combinación en las flores. Es el traje que nos regalan los valencianos”

Vanessa Lerma, Fallera Mayor de València 2003, recuerda como veía su progresión semana a semana y como tuvo que luchar para que, a su espolín blanco, el primero de ese color en un traje oficial, se le bordaran las flores de los colores más vivos, pues no quería ni oír hablar de tonos pastel.

Vanessa Lerma con su espolín oficial.

Vanessa Lerma con su espolín oficial.

Carla González, Fallera Mayor infantil 2013, reconoce que se llevó dos hilos a casa durante una semana. “Uno blanco y otro granate” pues era incapaz de tomar una decisión. Finalmente el primer traje no fue en ninguno de los dos colores.

Para Claudia Villodre, fallera mayor infantil de 2014, ese primer encuentro con su espolín fue causa de un buen disgusto. Ella tenía claro que no lo quería ni blanco ni negro. Sin embargo, se fue a su casa con un traje en blanco. Asegura que a la semana ya había cambiado de opinión y era para ella el vestido perfecto.

Ariadna Galán, Fallera Mayor infantil 2010, reconoce que necesitó del asesoramiento de padres (léase madre) e indumentarista porque “yo no lo tenía nada claro”. Todas reconocen la importancia de un indumentarista “de cabecera” que te salva de más de un apuro.

Ariadna Galán, Fallera Mayor Infantil 2010.

Ariadna Galán, Fallera Mayor Infantil 2010.

Carla González, Fallera Mayor Infantil

Carla González, Fallera Mayor infantil 2013.

Rocío Pascual, Fallera Mayor Infantil

Rocío Pascual, Fallera Mayor Infantil 2012.

Claudia Villodre. Fallera Mayor infantil 2014.

Claudia Villodre. Fallera Mayor infantil 2014.

En nuestra particular encuesta Vanessa Lerma es la más veterana. Asegura que las cosas han cambiado mucho desde su reinado. Ella se hizo una docena trajes que combinaba con 4 aderezos. Nada que ver con las reinas actuales con una cantidad muy superior de vestidos cada uno con su aderezo. Aunque, como reconoce, antes no se vestían hasta después de la Exaltación y ahora los compromisos oficiales comienzan mucho antes.

Emergencias

Claudia recuerda la velocidad con la que le llevaron a casa en el coche oficial el día en que un chocolate entero fue a parar encima de su espolín blanco. Velocidad de vértigo para llegar al siguiente acto en el cual descubrió que bajo su nuevo traje naranja ¡Seguía llevando sus zapatos blancos!.

Carla no salió del coche oficial hasta que su madre se aseguró personalmente de arreglarle el rasgado que se había hecho en la manteleta. Era el primer día de “mascletà”. ¡Buen estreno!.

Los trajes más especiales.

Junto con los espolines oficiales, ese diseño solo al alcance de una Fallera Mayor de València, hay vestidos o complementos que se convierten en piezas especiales.

Vanessa Lerma, aunque reconoce que recibió presiones de algún indumentarista para lucir otro, no dudó en llevar a la “Crida”  el ‘Omán’ de Rafael Catalá en color fucsia que le había regalado su Comisión.

Vanessa con el traje que le regaló su comisión.

Vanessa con el traje que le regaló su comisión.

Reconocen que hoy en día, con las redes sociales, resulta cada vez más difícil mantener el hermetismo respecto a los trajes y que, las falleras, están más expuestas que nunca a la crítica.

A pesar de ello, Vanessa no duda en augurar que antes o después habrá alguna fallera mayor que elija el negro para su espolín oficial o que se atreva a ir a la Exaltación con un solo moño sin temor a los comentarios.

Romper los tópicos.

Y puestos a romper tópicos. Dos más. El primero: Agotamiento y afonía, sí. Dolor de pies, no. “Una fallera mayor apenas anda”. El segundo: pese a los nervios y el casancio las falleras mayores no adelgazan, más bien lo contrario. De eso se ocupan los 6 o 7 casales que visitan diariamente y donde no falta  todo tipo de viandas para agasajarlas.

Y es que pese a la colaboración que existe entre ellas (y entre sus madres), ser fallera mayor, me aseguran todas, es un máster de vida y como resume la benjamina, Claudia Villodre: “nosotros somos falleros de casal y no sabíamos donde nos metíamos”.

Carla, Ariadna y Rocío...años después.

Carla, Ariadna y Rocío…años después.

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Quiero dar las gracias a la Falla Nova Orriols, organizadora del acto “Secretos de las falleras mayores” y a Vanessa Lerma por cederme sus fotografías personales.

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