La moda en el indumentarismo y las lecciones aprendidas

Decía Antonio Cantos Camps en su libro, ‘El traje de labradora valenciana’ de 1981, un estudio clásico sobre indumentarismo de valenciana, que la moda no existe en el traje de valenciana. Para el escritor el traje de valenciana sería algo así como la energía que ni se crea ni se destruye, más todavía, porque ni siquiera se transforma. Es una opinión muy generalizada entre los más grandes especialistas que aseguran que un vestido de valenciana puede llevarse, si es del gusto de la clienta, durante décadas sin temor a pasarse de moda. No será este blog el que se meta en este berenjenal del que, como en el fútbol, todo el mundo es especialista.

Un estudio pionero

Un estudio pionero

El “concepto” traje de fallera

Aunque a poco que sea uno observador y tenga algo de memoria, percibe que la realidad del traje de valenciana actual nada tiene que ver con el que todos conservamos en nuestra retina de las inefables décadas de los 60 y 70. Aquellas faldas al más puro estilo Mary Quant, a la altura de las rodillas, acompañadas de medias de espuma color blanco, a lo “Barbie enfermera”, coronadas con los zapatos de salón blanco “que pegaban con todo” y en el colmo del buen gusto, el pompón colorido y peluchón estilo clown. Y creánme, hablamos con conocimiento de causa. Que levante la mano la que, con más de 40 años, no se haya enfundado uno de estos inventos, que veníamos a llamar “traje de fallera”.

Ella no tuvo elección.

Ella no tuvo elección.

Sí, por poquita memoria histórica que tengamos, el traje de valenciana ha evolucionado y mucho. Y para bien. Con mayores o menores licencias, con más o menos investigación, con criterio o con falta del mismo, pero  poco tiene que ver con aquel invento de posguerra que, seguramente por ahorro y ante la escasez de falta de materia prima,  se impuso durante décadas.

Hemos aprendido

La crisis actual ha afectado al indumentarismo, que duda cabe, pero en esta ocasión no se ha suplido la falta de recursos con inventos y apaños. Hemos aprendido.

Efectivamente como la energía, el traje de valenciana ni se crea ni (afortunadamente) se destruye, pero sí se transforma, no a ritmo de pasarela de temporada como pasa por ejemplo con el de flamenca, donde de una temporada a otra te puedes encontrar con un corte totalmente “demodé” o un estampado obsoleto.

Actualmente se potencia el debate, si me apuran hasta la polémica. La más sonada en los últimos años, la recordaran, a cuenta del vuelo y el ahuecado de las faldas. En nuestra opinión debates útiles que reflejan un sector vivo, atento y que no está dispuesto a volver a caer en el esperpento.

Por eso a los ofendidos, a los puristas, a los vanguardistas, a los investigadores, a los retrógrados, a los clásicos, a los innovadores….gràcies pel seu trellat. Sólo desde el debate bien entendido, desde  el ensayo y error, se garantiza un sector vivo más allá de crisis.

(y quien no tenga una foto terrible que acredite lo dicho, que tire la primera piedra…)

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